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1/18/2009
El Ojo
El semblante cambió para los dos. Es como si el sol hubiese dejado de brillar sobre nuestras cabezas. Quizá sólo para mí. Si, a estas alturas lo veo todo perdido, una llama en mi dedo alumbra el ojo que no tengo ciego. El otro se mantiene en tinieblas por opción propia. Como es de noche, la voz es más audible, entonces digo: te extraño o tal vez te digo: extraño. Las consecuencias siempre son las mismas a cualquier lado de la cuerda. No me llames. No abuses del cordón que nos une algunas veces, cuando el sol deja de brillar. Perdí el control de los sentimientos. ¿Qué hacer? Una pared, frente a mis ojos. Uno ve, el otro se resiente con la oscuridad. ¿Amor? Nadie me habló antes de esa palabra. Entonces, ¿Qué hago con las manos llenas de frambuesas? Que es el sabor que imagino sale de tus labios. Como un néctar regurgitante , que viene del interior de tu boca. Yo, hago que el sol brille dentro de tu garganta, como si volara una polilla juguetona en tu interior. Ves estas manos introducirse al interior de tu cuerpo dormido. Lo ves porque hay un ojo que siempre me observa.
11/24/2008
Lápiz

soy tu lápiz amor
tus colores hipnóticos
y la hoja en que dibujas mi mano
eres caricaturista de una parodia
absurda
lluvia ácida que destruye el monolito
de nuestra historia
soy tu lápiz amor
domicilio errado
de cartas que no tuvieron destino
y palabras que jamás se dijeron
pinto laceraciones
flamas enfermas de cáncer
y tu boca ambiciosa
que otro pincel
coloreó
de besos
11/21/2008
LA NOCHE FRÍA

Bastó ese segundo clandestino de nuestras miradas para aplacar el frío de la la noche. Esa complicidad taciturna de los asesinos. Mis manos teñidas de sangre, su boca dibujando una mueca aletargada.El hombre seguía tendido en el piso, con la boca enjuta, el ceño fruncido y una brazo amarrado a su espalda, estaba medio desnudo, prolijamente acomodado cerca de la silla.Un lamento salió de su boca, le propine una patada en la cabeza para que se aturdiera.Estaba enloquecida, con ese mutismo perverso de las pesadillas. Fumaba un cigarro mientras miraba desangrarse a ese extraño. Hacía frío, de esos que sólo suelen sentirse los días de invierno, internados en los suburbios. Kail me miró con cara de asombro, yo le di un beso apasionado y nos retiramos del lugar, aquel hombre quedó tendido, no tenía remedio, sus dos pesos me servirían para un pito, que me fumaría en mi ruca o con mis amigos. Tomé de la mano a Kail y nos encaminamos por la avenida, era una noche fría, pero sentía un calor asesino en las venas.
ESTE MICROCUENTO FUE PUBLICADO EN: MICATEDRALHUMANA
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